Los implantes, como las articulaciones artificiales de cadera y de rodilla, tienen requisitos extremadamente altos en cuanto a la rugosidad superficial, y pequeños defectos pueden provocar un mayor desgaste o complicaciones postoperatorias. Los medidores de rugosidad por contacto presentan el riesgo de rayar las superficies y resultan difíciles de utilizar para la inspección de productos terminados.










